El Gobierno de Guinea Ecuatorial abandona a su suerte al sector educativo al inicio del nuevo curso

3 octubre 2020
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Las deficiencias que sufre la Educación bajo el régimen de Obiang, son tantas que uno, con buena voluntad, no las puede contar sin dejar varias de mayor importancia en el tintero: desde las de orden normativo hasta la falta de voluntad.   En los sistemas educativos que se precien como tales, la ley de educación … Continuar leyendo «El Gobierno de Guinea Ecuatorial abandona a su suerte al sector educativo al inicio del nuevo curso»

Las deficiencias que sufre la Educación bajo el régimen de Obiang, son tantas que uno, con buena voluntad, no las puede contar sin dejar varias de mayor importancia en el tintero: desde las de orden normativo hasta la falta de voluntad.

 

En los sistemas educativos que se precien como tales, la ley de educación determina la dimensión mínima de un aula de clase, el espacio mínimo por asiento. Un Decreto reguladora del Derecho a la Educación, que establezca que todos los centros docentes, independientemente de su titularidad, deberán reunir unos requisitos mínimos referidos a la titulación académica del profesorado, ratio alumno-maestro, instalaciones docentes y deportivas, y número de puestos escolares, para impartir enseñanzas con garantía de calidad. Desde facilitar las interacciones entre maestro y alumnos hasta velar por el nivel de confort, las medidas de las aulas pueden ser un factor notable en la contribución del éxito escolar. Las dimensiones de las aulas tienen como finalidad lograr un ambiente de aprendizaje positivo.

 

Los centros de educación deberían contar, como mínimo, con las siguientes instalaciones y condiciones materiales: a) un aula por cada unidad con una superficie adecuada al número de alumnos escolarizados autorizados y, en todo caso, con un mínimo de 1,5 metros cuadrados por asiento, y b) un espacio por cada seis unidades para desdoblamiento de grupos y otro para actividades de apoyo y refuerzo pedagógico.

 

Estamos acostumbrados a salas con más alumnos, siempre estando enlatados y sin espacio mínimo. El establecimiento de un aforo del 50% del aula debería basarse en una normativa que regula las dimensiones de las salas de clases teniendo en cuenta el volumen por asiento que sería de 5 m3 por aula, en condiciones normales. Es decir, que cada asiento dispondría de 1,5 m2 en una sala de 3,34 m de altura. Un aula de 8 m x 6,2 m, proporcionaría una superficie de 45 m2 y con un aforo normal de 30 puestos escolares. A partir de esta base se establecería el 50% del aforo para garantizar el distanciamiento físico entre los estudiantes. Pero los centros educativos no disponen de este instrumento normativo legal, lo que hace que con un espacio similar puedan tener 60 puestos escolares; cuando les exigen un aforo del 50% que sería de 30 alumnos, no garantizan el distanciamiento social requerido en estos momentos de pandemia.

 

La falta de voluntad, por parte del Gobierno, se manifiesta en la ausencia de compromiso para reforzar las plantillas de los centros educativos en la vuelta al colegio en este momento excepcional de emergencia sanitaria para que los alumnos no pierdan días de clases y cumplir el calendario escolar de 200 días lectivos.

 

Además, si se tiene en cuenta que desde que este régimen se instaló en el poder, hace 41 años, no ha puesto un ladrillo para la construcción de una escuela pública, la falta de mantenimiento y equipamiento de los ´pocos centros educativos públicos existentes, la falta de voluntad cobra mayor importancia.

 

Después de la Orden del Ministerio de Educación, Enseñanza Universitaria y Deportes, Número 3/2020, de fecha 10 de agosto, por la que se regula el calendario escolar correspondiente al curso académico 2020/2021 en la República de Guinea Ecuatorial, quedaba claro que los centros educativos del ámbito nacional tendrán actividad educativa presencial en las aulas en estos momentos de la pandemia del coronavirus. El gobierno no ha movido un dedo para sentarse con los directores de los centros públicos y privados con el fin de ver cómo se puede llevar acabo la vuelta al colegio con garantías. Sólo se ha limitado a dar órdenes a los centros educativos, como es de esperar de un régimen totalitario, sin ofrecerles recursos y medios para el cumplimiento de las órdenes como el establecimiento de tres turnos, la reducción a la mitad del aforo de las aulas, entre otras. Todas estas medidas requieren un esfuerzo económico que los centros educativos no pueden soportar.

 

Ante este abandono, por parte del gobierno, de los centros educativos del ámbito nacional con la vuelta a la actividad escolar una vez que decretaron la reducción del aforo al 50% de las aulas y en el que se instaban a estos centros el establecimiento de varios turnos, las directivas de los centros educativos han optado por la reducción de las horas presenciales de los alumnos con los educadores ante la imposibilidad de hacer frente a la demanda de docentes para cubrir los diferentes turnos.

 

Los centros han adoptado la estrategia de desdoblar los grupos de cada curso a la mitad en A y B; los del grupo A tienen clases presenciales lunes, miércoles y viernes; mientras los del grupo B van a clase martes, jueves y sábados. Con este sistema los centros mantienen invariable el número de docentes sin contratar a otros nuevos, para no establecer diferentes turnos que garantizarían la asistencia a clases todos los días.

 

Esta solución de los centros supone que los alumnos, los verdaderos actores de la educación, salen perdiendo días de clases semanales, lo que se traduce en pérdida de explicaciones y en apoyo de los docentes, y por consiguiente la calidad de enseñanza. Esta pérdida es más notoria en Educación Primaria y en la ESBA, que son los niveles que más necesitan el acompañamiento de los docentes. Si el calendario escolar contempla un curso escolar de 200 días lectivos, el establecimiento de clases semipresenciales, un día sí y otro no por grupo, representa una pérdida de 72 días lectivos para el curso escolar 2020-2021. Si añadimos que, durante el curso 2019-2020 se perdió un trimestre, queda claro que se pierde calidad de enseñanza. ¿Qué contenidos curriculares se impartirán y cuáles no se darán?

 

El curso escolar 2020-2021 arranca truncado; los centros escolares han hecho cábalas para poder impartir los contenidos que no se dieron el curso pasado y no les salen las cuentas, todo ello por falta del apoyo que el gobierno debía ofrecerles en este tiempo de pandemia.