La política para hacer el mal

19 mayo 2020
Autor:

Vicente Engonga Maté, ex internacional de la selección española de fútbol, fue seleccionador del Nzalang Nacional y, tras abandonar el cargo, declaró a RCDM el 1 de julio de 2010: “El futuro de Guinea Ecuatorial no es halagüeño porque está en manos de la política, y cuando mezclas política y deporte, malo”. Con estas palabras, … Continuar leyendo «La política para hacer el mal»

Vicente Engonga Maté, ex internacional de la selección española de fútbol, fue seleccionador del Nzalang Nacional y, tras abandonar el cargo, declaró a RCDM el 1 de julio de 2010: “El futuro de Guinea Ecuatorial no es halagüeño porque está en manos de la política, y cuando mezclas política y deporte, malo”. Con estas palabras, Engonga resumía lo que es Guinea Ecuatorial, un país en el que todo es política, todo se politiza, porque gobierna la mediocridad y, ante la incapacidad de dar una solución a un problema concreto de la vida cotidiana, como pasa siempre, se recurre a la política. Mejor dicho: a la mala política o, si se prefiere, a la política para hacer el mal.

 

Nos hallamos ante una crisis sanitaria de alcance planetario, una pandemia, la del COVID-19, que afecta a todos los países del mundo. Aunque cada país adoptó su propia estrategia de lucha contra la pandemia, todos los gobiernos coincidieron en que era imprescindible la unidad de todas las fuerzas políticas, sociedad civil y la ciudadanía en su conjunto. El Gobierno de Guinea Ecuatorial puso el slogan de “Entre todos, unidos, venceremos el coronavirus”. En todos los países se han constituido comités técnicos, formados por expertos en medicina, salud pública, veterinaria y epidemiología, expertos capacitados para hacer frente a las emergencias sanitarias. Son los comités que aconsejan a los gobiernos sobre las decisiones políticas que haya que tomar.

 

En Guinea Ecuatorial, se formaron dos comités. Uno es el Comité Técnico de Vigilancia y Respuesta al coronavirus, presidido por el ministro de Estado de Sanidad, Salomón Nguema Owono. El otro es el Comité Político de Control y Lucha contra el Coronavirus, presidido por el vicepresidente de la República, Teodoro Nguema Obiang Mangue. En teoría, el Comité Técnico debería establecer los protocolos de actuación para todos los hospitales y centros sanitarios del país, qué hacer la población para protegerse o evitar los contagios, a quién dirigirse en caso de sospechas o síntomas de la enfermedad, etc. En base a las recomendaciones del Comité Técnico, se establecen las necesidades en materiales y en recursos humanos para trabajar. A partir de aquí, el Comité Político, que se supone que es parte del Gobierno, traslada a éste toda la información necesaria para tomar decisiones, para evitar que cada cual vaya por su camino.

 

El Gobierno de Guinea Ecuatorial tomó decisiones, entre ellas el confinamiento de la población, una medida que ha sido prorrogada en dos ocasiones, la última hasta el 15 de mayo. Otra de las medidas tomadas por el Ejecutivo fue la creación de un Fondo de 5.000 millones para luchar contra el coronavirus y resolver los problemas colaterales ocasionados por la pandemia, problemas de tipo económico y social.

 

¿Qué ha pasado? Muchas cosas. Las escuelas se han cerrado, igual que los mercados, las iglesias y mezquitas, y se han prohibido eventos sociales que puedan dar lugar a aglomeraciones, como las bodas y los velorios, al tiempo que los ciudadanos se han quedado, como mejor pueden, en sus casas. Digamos que los ciudadanos han hecho, poco o mucho, su parte de los deberes.

 

¿Y el Gobierno y sus Comités? Cuando un ciudadano se ha sentido mal o sospechado una amenaza de coronavirus, ha llamado al número de teléfono 1111 o al 1112, pero nadie ha aparecido, o se ha presentado el equipo del Comité Técnico días después de la llamada o tras el fallecimiento del paciente. El propio Presidente de ese comité, quien mandó encarcelar a la enfermera Nuria Obono por criticar, en privado, la falta de oxígeno en el hospital de Sampaka, “lloró” en público el 22 de abril, diciendo que “tenemos muchísima necesidad. Necesitamos materiales, necesitamos vehículos, necesitamos productos, etcétera, etcétera”. Vayamos por partes. Ante tantísimas necesidades, ¿dónde está el Fondo anunciado por el Gobierno? Al parecer, no hay ni rastro de los 5.000 millones, porque fueron virtuales, pura propaganda. Los equipos encargados de asistir a los ciudadanos que llamen para recoger las muestras, tienen dificultades de desplazamiento por falta de vehículos. ¿No anunció el propio Gobierno, poco antes de la crisis, la puesta en venta de 400 furgonetas por parte del ministerio de Hacienda? ¿No pueden ser utilizados dichos vehículos como aportación del propio Estado para la lucha contra el coronavirus? Mala política.

 

Sigamos. El propio Nguema Owono, durante su llanto, dijo que “por eso, el vicepresidente, día y noche, está buscando formas y fórmulas para adquirir esos materiales para el Comité Técnico”. ¡Vaya, por Dios! ¿Es el vicepresidente la persona que tiene que buscar fórmulas para que el Comité Técnico tenga vehículos, mascarillas, respiradores, trajes de protección, etc.? ¿Qué ha estado haciendo el Gobierno con reuniones diarias durante más de un mes, con un primer ministro folklórico que no ha hecho más que meter la pata en cada intervención por televisión? Tras más de un mes de funcionamiento del Comité Técnico, Nguema Owono ha restructurado el Comité con una distribución de funciones que denota que el Comité no hacía más que improvisar, no tenía ni protocolo.

 

Por la falta de soluciones ante el preocupante avance de los contagios, la televisión Asonga, propiedad del mismo vicepresidente de la República, acusó a CPDS de tener a técnicos infiltrados en el laboratorio de Baney, para falsear el número de contagios y provocar el caos. ¿De qué cabeza podría salir tamaña estupidez? El técnico entrevistado por Asonga, al que querían acusar de pertenecer a CPDS, dijo claramente que están desbordados en el laboratorio de Baney por insuficiencia de técnicos para procesar a tiempo todas las muestras que les llegan. ¿Insuficiencia de técnicos de laboratorio? ¿No dijo Obiang que “más vale un pueblo culto que rico”? ¿No asegura el PDGE, en sus programas, que “la formación de recursos humanos es la prioridad” de su Gobierno? Si Todo esto fuera cierto, ¿cómo es posible que, en 40 años de poder, no se haya dotado al país de analistas de laboratorio, y no digamos epidemiólogos?

El técnico de Baney entrevistado por Asonga, expresó unas lógicas y razonables quejas de tipo técnico, pero en lugar de escucharle, le preguntaron por su pertenencia a la oposición. Esto el uso de la política para hacer el mal.

 

Gracias a las televisiones de otros países, vemos que los gobiernos han implicado a los partidos políticos, a la sociedad civil y a otras instituciones del Estado. Antes de tomar decisiones, consultan a la oposición y se lleva el asunto al Parlamento. Sin embargo, en Guinea Ecuatorial, el Gobierno ha ignorado a los partidos políticos y le ha cerrado la boca al Parlamento bicameral, que no ha dado señales de vida hasta hace una semana, no para cuestionar los desmanes del Ejecutivo, sino para decir que todo está bien hecho. Pese al ofrecimiento de CPDS al Gobierno para colaborar y hacer propuestas, este partido no recibió ni respuesta, pero sí ataques del PDGE, que se cree partido único pero sin aportar ninguna propuesta a lucha contra la pandemia.

 

Irónicamente, Televisión Guinea Ecuatorial informa puntualmente de la evolución de la pandemia en muchos países y, especialmente, en España, del número de contagiados y fallecidos, mientras su propio Gobierno ha decidido ocultar los datos y no seguir dando a conocer los nuevos contagios. ¿Ocultar los datos ayudará a frenar la epidemia? En absoluto. Ocultar la verdad y dar una falsa apariencia de normalidad, forma parte de la mala política del régimen.

 

La misma televisión pública no pierde la oportunidad de informar a los guineanos sobre las críticas de la oposición conservadora a la gestión llevada a cabo por el Gobierno de España, mientras el Gobierno del PDGE ignora a su oposición y no permite que se publique ninguna opinión ni comunicado que no sea del partido en poder. Política para hacer el mal.

 

He dicho que una enfermera fue detenida, sumariamente procesada y encarcelada por decir que faltaba oxígeno en el hospital de Sampaka. Otros corrieron similar suerte. Es el caso del seleccionador de Nzalang Nacional, el francés Sébastien Migné, que fue despedido de su puesto e invitado a abandonar el país, por declarar que había cerca de cien casos positivos de coronavirus en Guinea Ecuatorial. No sirvió de nada que el técnico galo pidiese disculpas públicamente, y se tuvo que marchar por algo que nada tenía que ver con el fútbol. Dos semanas después de regresar a Francia, el señor Migné se partía de risa en su país viendo cómo el ministro de Sanidad de Guinea Ecuatorial reconocía, a regañadientes, que el país había alcanzado los 315 casos positivos. Hoy, 19 de mayo, la OMS nos da la cifra de 825 casos positivos, cifra que puede alcanzar los 1000 infectados en los próximos días. Esto es política para hacer el mal.

 

Varios ciudadanos ecuatoguineanos con doble nacionalidad, que regresaban a sus segundos países, por razones de residencia o porque se sentían más seguros en Occidente en medio de la pandemia, han visto, incrédulos, cómo el Gobierno de su país de origen les despojaba de su nacionalidad llamándoles “traidores”. Esto no es política, sino maldad.

 

En medio de este barullo, el Presidente de la República, Jefe del Estado y del Gobierno y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, desapareció durante dos meses, si bien acaba de aparecer por la televisión durante un instante para leer un discurso que no ha aportado nada nuevo. Una vez leído el discursito, ha vuelto a desaparecer, y se supone que está en algún lugar seguro esperando que acabe la crisis del coronavirus antes de reaparecer en público. ¿Y si el maldito COVID-19 se resiste a dejarnos y sigue unos seis meses más campando a sus anchas? Seguramente, se montará algo contra la oposición para culparle de todos los males.

 

Vicente Engonga vaticinó un futuro poco halagüeño para Guinea Ecuatorial por el afán de mezclar la política con el deporte. Lo que vio Engonga desde el punto de vista deportivo, lo viene sufriendo nuestro país desde 1968. Conviene decir que la política, en sí, no es mala; es una actividad sagrada, destinada a resolver los problemas de la gente, a mejorar la vida de las personas y la condición humana y hacer que el mundo sea cada vez más justo y mejor. Cuando se usa la política en beneficio propio y en perjuicio del prójimo, usurpando el poder, eliminando a los adversarios y acallando voces discrepantes, ya no se trata de política, sino de “la política para hacer el mal.”