Un año después de mi detención en Chad

11 abril 2020
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Esta mañana, 11 de abril de 2020, me levanto con la triste noticia del fallecimiento del histórico socialista español Enrique Mújica, víctima del coronavirus. Mújica, dirigente del PSOE que luchó por la democracia durante el franquismo, fue posteriormente ministro de Justicia y Defensor del Pueblo. La triste noticia me llegó mientras mi mujer me recordaba … Continuar leyendo «Un año después de mi detención en Chad»

Esta mañana, 11 de abril de 2020, me levanto con la triste noticia del fallecimiento del histórico socialista español Enrique Mújica, víctima del coronavirus. Mújica, dirigente del PSOE que luchó por la democracia durante el franquismo, fue posteriormente ministro de Justicia y Defensor del Pueblo. La triste noticia me llegó mientras mi mujer me recordaba que, en un día como hoy, hace un año, fui víctima de una detención ilegal en la República del Chad, ordenada por la dictadura de mi país. Ni siquiera me acordaba yo mismo.

 

A modo de recordatorio, y no para volver a narrar los hechos, decir que había viajado a Chad el 10 de abril para asistir al congreso del partido de la Unión Nacional para la Democracia y la Renovación (UNDR), miembro, como CPDS, de la Internacional Socialista. El congreso iba a celebrarse en la ciudad de Mongo, a 500 kilómetros al Este de Ndjamena, hacia la frontera con Sudán. Una vez en Mongo el 11 de abril, y mientras se celebraba una recepción en la sede local del partido a las 21:30 horas, me detuvo la policía chadiana, siendo inmediatamente conducido de regreso a Ndjamena. En menos de 24 horas, había recorrido 1.000 kilómetros en condiciones degradantes. Tras permanecer trece días en detención secreta en la sede de los servicios de inteligencia chadianos (ANS), fui liberado el 24 de abril. Los responsables de la seguridad de Chad me pidieron disculpas y me informaron de que había sido el gobierno de Guinea Ecuatorial, representado por el ministro de Seguridad Exterior, quien me había acusado falsamente de viajar a Chad para comprar armas, municiones y mercenarios para un golpe de Estado en Guinea Ecuatorial.

 

En mi informe hecho público tras mi liberación, expresé mi sincero agradecimiento a todas las personas físicas, organizaciones defensoras de derechos humanos, partidos políticos, misiones diplomáticas, gobiernos democráticos y medios de comunicación que habían luchado por mi liberación o solidarizado conmigo y con mi partido. Mis especiales agradecimientos fueron para los compañeros de CPDS y a mi familia, que pasaron trece días de verdadera angustia, llamando día y noche a embajadores, a Gobiernos y a partidos políticos. Al final, pese al ofrecimiento del gobierno chadiano de poder quedarme en el exilio si temía por mi vida en Guinea Ecuatorial, dada la magnitud de la inquina que me tenía mi gobierno, decidí regresar a mi país el 25 de abril, siendo recibido en el aeropuerto de Malabo por mi mujer, mis compañeros de CPDS y el embajador de España, Guillermo López Mac-Lellan, a quien también reitero mis agradecimientos.

 

El vergonzoso episodio que viví en Chad no fue el primero ni el último. Otros hijos de Guinea Ecuatorial pasaron por el mismo calvario, cada uno con su final. He tenido la suerte de poder contar mi penoso caso, y por eso quiero recordar aquí a los que no pudieron contarlo, como, entre otros, José Abeso Nsue (Popo), Manuel Ndong Aseme, Jacinto Micha Obiang y Alipio Ndong Asumu, traídos clandestinamente a Guinea Ecuatorial y fusilados en Malabo en agosto de 2010 tras un juicio sumarísimo, sin garantías procesales. Otros lo pudieron contar, como Guillermo Nguema Ela, Felipe Ondo Obiang, Cipriano Nguema Mba, Juan Ondo Abaga, Florencio Ela Bibang, Antimo Edu Nchama y Eleuterio Esono. Otros más, como Martín Obiang Ondo, Bienvenido Ndong Ondo, Feliciano Efa Mangue y Julio Obama, están recluidos en la nueva cárcel de Oveng-Azem, en Mongomo, donde, pese a tener condenas firmes, no pueden ser visitados por sus familiares. La justicia de Guinea Ecuatorial no debe seguir siendo un instrumento al servicio de la dictadura. Todos los detenidos y condenados, por cualquier delito, tienen derecho a recibir las visitas de sus seres queridos.

 

Un año después de mi injusta detención en Chad, y de otras detenciones producidas en el extranjero en circunstancias arbitrarias, conviene decirle BASTA YA al régimen de Obiang. No más represión. No más persecuciones. El pueblo de Guinea Ecuatorial quiere vivir en libertad, en paz y en un país próspero para todos. Empecé este artículo lamentando la muerte del español Enrique Mújica, un ejemplo de la lucha contra la dictadura. Mújica y los demócratas españoles de su tiempo, aunque no echaron del poder a Franco al morir este en la cama, sí trajeron la democracia a su país, con lo cual nos enseñaron que es posible combatir una dictadura y vencerla, aunque esta haya durado 40 años, como la de Franco, o 41, como la de Obiang.

 

Por Andrés Esono Ondo Okogo, Secretario General de CPDS