Llega el año 2020 sin el horizonte prometido por Obiang

31 diciembre 2019
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Termina el año 2019 y empieza el 2020, el año del Horizonte 2020, para el que el Presidente Obiang aseguró que Guinea Ecuatorial sería un país emergente y autosuficiente, tras un ambicioso plan de desarrollo que ha resultado ser, como vaticinó Convergencia para la Democracia Social, un fiasco. Hay que empezar recordando que en el … Continuar leyendo «Llega el año 2020 sin el horizonte prometido por Obiang»

Termina el año 2019 y empieza el 2020, el año del Horizonte 2020, para el que el Presidente Obiang aseguró que Guinea Ecuatorial sería un país emergente y autosuficiente, tras un ambicioso plan de desarrollo que ha resultado ser, como vaticinó Convergencia para la Democracia Social, un fiasco.

Hay que empezar recordando que en el 2004, el Senado norteamericano realizó un informe tras investigar el destino de los fondos procedentes de la explotación de hidrocarburos de Guinea Ecuatorial, y  descubrió que el banco Riggs había abierto unas 60 cuentas secretas a nombre de parientes del Presidente ecuatoguineano y varios de sus ministros, para ocultar unos 700 millones de dólares. Una sanción impuesta a dicho banco a raíz de aquel escándalo, provocó su desaparición.

Tras aquel hecho, el Gobierno de Guinea Ecuatorial celebró la segunda Conferencia Económica Nacional en 2007 y anunció el lanzamiento del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social de Guinea Ecuatorial hacia el Horizonte 2020, aprovechando el hecho de ser el país con mayor renta per cápita de África. Para dar esperanzas al pueblo, Obiang aseguró que, para el año 2020, Guinea Ecuatorial sería un país emergente y autosuficiente, y prometió “agua para todos”, “luz para todos”, “salud para todos”, “educación para todos”, “vivienda para todos” y “empleo para todos”.

Obiang reunió a sus ministros y dirigentes del gubernamental Partido Democrático de Guinea Ecuatorial (PDGE), instándoles a crear empresas constructoras y se embarcó en la tarea de la construcción de grandes edificios públicos, ciudades, carreteras, puentes, aeropuertos y puertos y salas de conferencias en todas las ciudades en un país sin escuelas ni hospitales suficientes y en condiciones. La mayoría de esas obras son inservibles y no benefician ni inciden positivamente en la vida de los ciudadanos; más bien, sirvieron para desviar enormes cantidades de dinero a las cuentas bancarias del entorno familiar del Presidente, sus ministros y destacados miembros del partido gubernamental, todos ellos empresarios, quienes se repartieron los contratos para que sus empresas realizasen las obras, o para cobrar comisiones en las concesiones a constructoras extranjeras, asociadas a empresas de la familia del Presidente.

Todos los ministros y secretarios de Estado, dirigentes del PDGE, altos oficiales de las Fuerzas Armadas y de la Seguridad del Estado a los cuales el propio Obiang llamaba “nuevos ricos”, se convirtieron en millonarios a causa del saqueo institucionalizado de las arcas públicas.

Ningún país del mundo puede aguantar tanto expolio, menos aún un país cuya economía se basa únicamente en la explotación de hidrocarburos. Así, cuando llega la última crisis del petróleo caracterizada, a nivel internacional, por la caída de los precios del crudo y, dentro del país, por la falta de descubrimiento de nuevos yacimientos, la economía de Guinea Ecuatorial se desploma, produciéndose una crisis total que se refleja en la pérdida masiva de empleos por el abandono del país por parte de empresas extranjeras, con la consiguiente pérdida de miles de puestos de trabajo, familias enteras sin medios para poder costearse los medicamentos, alimentarse o pagar el colegio a sus hijos. Estos días de navidad y año nuevo, las calles de las ciudades de Malabo y Bata están desiertas, sin peatones, y solo circulan coches de lujo y taxis que zigzaguean en disputa de los escasos viandantes o de las mujeres que hacen algunas compras en el mercado, para no perder la costumbre. Del sueño del “agua para todos”, “luz para todos”, “salud para todos”, “educación para todos”, “vivienda para todos” y “empleo para todos”, una especie de “todo para todos”, repetido hasta la saciedad en los medios de comunicación con absoluta desfachatez, se ha pasado, en realidad, al “todo para pocos” –el entorno de Obiang– y “nada para el resto”.

Tras desaprovechar la oportunidad histórica que supuso el boom del petróleo para mejorar la vida de los guineanos y convertir al país en la soñada “Suiza de África”, no siendo el régimen capaz de poner en marcha programas o planes de formación de jóvenes que pudieran garantizarles un empleo y un futuro mejor, ni una infraestructura educativa y hospitalaria de una mínima calidad, ni una economía diversificada capaz de crear puestos de trabajo, el país entra en el año 2020 sumido en el desempleo masivo, en la delincuencia juvenil e infantil, en bandas de delincuencia organizada, en la exclusión social y en la inseguridad ciudadana. Todos los jueves, el ministerio de Seguridad Nacional presenta en la televisión a los jóvenes, adolescentes y ladrones detenidos a lo largo de la semana, pretendiendo demostrar, con ello, la supuesta eficacia de los servicios de Seguridad cuando, en realidad, es la prueba fehaciente del fracaso rotundo del gobierno del PDGE, del régimen de Obiang.

Como reconocimiento implícito del fiasco del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social de Guinea Ecuatorial hacia el Horizonte 2020, la celebración de la Tercera Conferencia Económica Nacional en abril del presente año, supuso la sustitución de dicho plan por uno nuevo, el Horizonte 2035. Así juega Obiang con el presente, el futuro y las esperanzas del pueblo de Guinea Ecuatorial, donde, al no haber libertad de expresión, nadie le puede replicar, ni existen debates públicos para poder conocer puntos de vistas diferentes u opiniones críticas con los planes del Gobierno.

Guinea Ecuatorial entra en el soñado año 2020 sumido también en una crisis política sin precedentes en los 40 años del régimen de Obiang, con el país militarizado por temor a una supuesta invasión armada de los llamados “enemigos de la patria”, personas sin rostro ni nombre, y con más presos políticos que nunca, a los que hay que añadir a varias personas en paradero desconocido, incluidos Martín Obiang Ondo, Bienvenido Ndong Ondo, Feliciano Efa Mangue y Julio Obama, cuatro ciudadanos que se cree fueron secuestrados en Sudán del Sur, dos de ellos con nacionalidad española.

No podemos terminar esta reflexión sin recordar a Joaquín Eló Ayeto, alias Paysa, militante de CPDS y activista social, detenido y enviado a Black Beach solo porque su activismo le resulta incómodo a Obiang. Paysa sigue en la cárcel a pesar de que se celebró una parodia de juicio contra él el 21 de noviembre sin prueba alguna y cuya sentencia no se quiere dictar; a Paysa se le ha sumado otro activista, Luis Nzo, encerrado también en Black Beach hace dos semanas bajo la acusación de difundir críticas por las redes sociales contra el régimen. Tampoco podemos olvidar que nueve personas, entre ellas Luis Mba Esono, militante de CPDS, fueron detenidas en Mikomeseng el 11 de julio, y que, más de cinco meses después, siguen hoy en paradero desconocido sin que el Gobierno haya dicho dónde están, a qué se debió su detención y por qué no tienen asistencia letrada.

Todos estos hechos –la corrupción y el expolio que han arruinado el país, la represión política contra la oposición, incluida la detención del secretario general de CPDS en Chad por una falsa acusación del gobierno de Guinea Ecuatorial–, merecen la condena unánime no solo de los partidos políticos que luchan por la democracia y las organizaciones de defensa de los derechos humanos, sino también de la comunidad internacional.

La situación es tan crítica que, para su solución, solo cabe una salida dialogada, urgente, de la dictadura.