La Conferencia Episcopal ante la delincuencia juvenil

8 julio 2019
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LA VERADA Nº 83 La Conferencia Episcopal de Guinea Ecuatorial se reunió en Bata a mediados del mes de marzo de 2019, para analizar las causas de la delincuencia juvenil, que ya es una lacra en el país, y sacar conclusiones, que se supone que serán líneas de acción sobre las que el máximo órgano … Continuar leyendo «La Conferencia Episcopal ante la delincuencia juvenil»

LA VERADA Nº 83

La Conferencia Episcopal de Guinea Ecuatorial se reunió en Bata a mediados del mes de marzo de 2019, para analizar las causas de la delincuencia juvenil, que ya es una lacra en el país, y sacar conclusiones, que se supone que serán líneas de acción sobre las que el máximo órgano de la iglesia de nuestro país trabajará en los próximo años; como la reunión se ha hecho en tiempo de cuaresma, habrán hecho propuestas para propiciar cambios en sus feligreses.

  Todos los días vemos los informativos de las cadenas de televisión de nuestro país que la policía o la gendarmería han desactivado o detenido un grupo de delincuentes juveniles; siempre se acompaña esta información con imágenes de estos supuestos delincuentes.

  En los centros educativos vivimos a diario situaciones de violencia propiciadas por jóvenes no interesados en los estudios, pero acuden a los centros para sembrar terror en el cuerpo de sus compañeras y compañeros que sí que quieren estudiar. Muchos de ellos actúan siempre bajo los efectos de alguna droga.

  Todos perdemos tiempos en buscar las causas de esta lacra. Y es que ignoramos una realidad responsable de esta situación que no es otra que la desidia que la política produce en los guineanos y que conduce a nuestro jóvenes a ser delincuentes, con unos malos gobernantes incapaces de dar alternativas positivas a los jóvenes. Ya lo dijo Platón: “el precio de desentenderse de la política es el ser gobernado por los peores hombres”.

  En una sociedad como la nuestra, donde solo triunfan los peores hombres, la gente mediocre, sin siquiera una formación básica sólida, sin valores, con un enriquecimiento rápido y desmesurado; donde la corrupción se ha instalado como la forma habitual de ganarse la vida y no se penaliza esta práctica generalizada en todos los estamentos públicos de nuestro país; y estos hombres son los modelos a imitar por los jóvenes, es difícil esperar otro tipo de juventud, de jóvenes con futuro, cuando lo que han mamado desde la cuna es esto: si quieres triunfar debes ser peor hombre. Los que pasan por los centros de formación son considerados como fracasados, los que pierden el tiempo, porque los otros, en poco tiempo, han amasado grandes fortunas y son los más valorados.

  Ser médico, maestro, arquitecto, economista, abogado, las líneas marcadas por esta sociedad, pasarán al olvido y, en muchos casos, tendrán una vida casi miserable. Es una sociedad donde no se promocionan, ni se valoran a las personas con criterios objetivos, como puede ser su formación o sus valores, sino por su capacidad para delinquir, hacer sufrir a los demás o ser impunes.

  Nuestros gobernantes son auténticos analfabetos políticos. Solo piensan en el momento, en su bienestar sin altura de miras para ver lo que puede deparar el futuro. Son ciegos intencionados. Personas con gran capacidad para hacer el mal.

Para combatir la delincuencia juvenil habrá muchas recetas y fórmulas, pero la más eficaz y con garantías es la formación de los jóvenes que tiene dos vertientes fundamentales: la formación académica, que les abrirá las puertas en el mundo laboral para ganarse el pan con toda dignidad, dotándoles de una profesión; y la formación en valores como el esfuerzo personal, la honestidad, la humildad, la perseverancia, el respeto a lo ajeno, el trabajo bien hecho, y largo etcétera. La primera formación se adquiere en los centros educativos y la segunda, en el seno de la familia como el primer estamento social de cualquier criatura.

  Muchos de los comportamientos de nuestros jóvenes son comportamientos aprendidos desde el seno de la unidad básica de cualquier sociedad, la familia. Un niño o niña que ha visto a sus progenitores delinquir de manera habitual no puede ser sino otro delincuente; una criatura que crece en una casa con padres corruptos, no se puede pretender que sea un honesto ciudadano el día de mañana; aquellos han visto a sus padres buenos empedernidos en doblar el codo, difícilmente serán enemigos del alcohol. En familias honradas, trabajadoras y con valores jóvenes delincuentes no suelen tener espacio. Cabe recordar que la etapa de juventud es de aprendizaje, trata de reproducir los esquemas del mundo que le rodea. La sociedad es la suma de las familias, no quiere decir que si estas carecen de valores la sociedad no puede ser otra, no puede ser diferente, al contrario, sino la suma de estas.

  A medida que la educación ha ido en picado, la delincuencia juvenil crece de forma exponencial. Los jóvenes no encuentran modelos a seguir, no ven el progreso o la prosperidad de las personas con formación, sino   que son perseguidos, humillados, no pueden desarrollar las capacidades y habilidades que adquirieron durante su formación. Escuelas abandonadas, los formadores desmotivados e infravalorados; los centros sin materiales o medios para ofrecer una educación de calidad para hacer frente a las necesidades inherentes del desarrollo. Con el aliciente de la facilidad de adquirir drogas en nuestra sociedad, se enriquece el caldo de cultivo de la delincuencia juvenil.

  Nuestros jóvenes no son diferentes a los de otras sociedades, los hombres que nos gobiernan sí que son diferentes a los que gobiernan en otras sociedades. Se preocupan por el futuro de sus países, procurando la formación de sus futuros ciudadanos. Tienen la gran apuesta de invertir en la educación, con instrumentos legales, recursos humanos, económicos y materiales para conseguir dicho propósito; mientras los nuestro se empecinan en aniquilar la educación en nuestro país, porque han descubierto que es fácil gobernar un pueblo inculto que formado y estos no les harán peligrar la silla del poder en el que quieren ser perennes.

  No hay otra solución si nos desentendemos de la política sino la perdición de nuestros herederos. Hemos de cambiar la óptica con la que vemos con desidia los problemas que afectan a nuestra sociedad, nuestro país, porque Dios, el Todopoderoso, tiene a otros hijos que también debe atender como China, India o Nigeria con millones de habitantes, mientras seríamos un distrito de estos países. Es verdad que Dios es misericordioso, bondadoso y justo, pero también existe el archiconocido dicho que a Dios rogando, con el mazo dando. Dios nos ayudará en las cosas que nos interesan cuando trabajemos para conseguirlas.

  El interés por la política pasa por tener una preocupación de las cosas que pasan en nuestra sociedad y tener interés en dar soluciones a estos problemas. Si la delincuencia juvenil es una preocupación e interesa combatir esta lacra, PONTE A TRABAJAR desde tu posición, estés donde estés; es cuando tendrás la ayuda de Dios. Recuerda: “A DIOS ROGANDO, CON EL MAZO DANDO”.