El perro y el duíquero de bayo (Nvû ya Sô)

5 julio 2019
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LA VERADA Nº 83 Érase una vez un cazador que se fue a sus faenas cotidianas con sus perros en busca de una pieza que ofrecer a la familia como alimento. Tanta fortuna tuvo el señor, que sus perros levantaron una pieza muy codiciada, el duíquero de bayo, conocido como Só. Los perros perseguían a … Continuar leyendo «El perro y el duíquero de bayo (Nvû ya Sô)»

LA VERADA Nº 83

Érase una vez un cazador que se fue a sus faenas cotidianas con sus perros en busca de una pieza que ofrecer a la familia como alimento. Tanta fortuna tuvo el señor, que sus perros levantaron una pieza muy codiciada, el duíquero de bayo, conocido como Só. Los perros perseguían a la pieza con ferocidad, animados por su amo que no paraba de gritar y darles instrucciones: “cogedle, cogedle” (bian ne ñé, bian ne ñé).

  El animal, sorprendido por la actitud agresiva de sus semejantes y las órdenes que daba el cazador, corría a toda velocidad para huir de sus perseguidores. Iba gimiendo, con un sonido gutural que emitía, diciendo a los perros: “hermanos, todos somos animales, estáis trabajando para el estómago del hombre que comerá mi suculenta carne y como mucho os va a recompensar con mis huesos; dejadme que no he hecho nada, ni tocado sus cultivos; por favor, hermanos, soy inocente”.

  A pesar de las súplicas del duíquero de bayo a sus perseguidores, estos seguían con el plan de atrapar a esta codiciada pieza y se abalanzaron despiadadamente sobre la víctima. Los perros empezaron a mordisquear a la presa y le rompían los huesos parando así al veloz y potente animal.

  Unos instantes después, llegó el cazador corriendo sobre la pieza y, evitando que sus perros pudieran sacar alguna tajada de la presa, empezó a golpear a sus ayudantes, los perros, para que se apartaran y él se llevase el trofeo. El macho dominante de la manada de los perros, iba quejándose del trato que les estaba dando su amo, mientras los otros se alejaban del que les torturaba acusándoles de querer participar en el botín cuando no era su intención.

  Cualquier perro que quería acercarse a la pieza recibía una reprimenda del amo con golpes y decía: “fuera, fuera, dejad mi pieza libre. Tenéis intención de comérosla. ¡Lejos de aquí!”. Los perros, que iban perdiendo la docilidad, y es que eran muy dóciles, a su amo el cazador, le decían: “nos estás dando un trato injusto; nos acusas sin pruebas de querer robarte la pieza, no nos merecemos este trato, ni siguiera teníamos la intención de sacar tajada a tu pieza; de verdad, somos inocentes”.

  Antes del último suspiro del duíquero, éste se dirigió a sus perseguidores, los colaboradores del cazador, y les dijo: “hermanos, veis la paliza que habéis recibido como recompensa por parte de vuestro amo; estáis exhaustos, con la lengua fuera, de tanto correr para capturarme y lo que recibís a cambio es esta paliza; os acusa de algo que no habéis hecho a pesar de vuestra insistencia de ser inocentes, no habéis hecho nada. Esto mismo os decía yo y no me habéis hecho caso. Si dejáis de colaborar con vuestro amo, dejando de  atrapar a los inocentes, él tampoco os maltratará. A ver: ¿cómo se siente uno cuando le propinan golpes? ¿Os ha gustado?”. El duíquero, que proseguía con su disertación aseverando a sus hermanos perseguidores, les dijo: “Os aseguro que para vuestro amo, nadie es inocente. Atrapando o no las piezas, tarde o temprano, terminaréis en la olla como nosotros. Nadie está a salvo.”

 Esta es la lección que deben aprender los colaboradores de regímenes dictatoriales. Sin ánimos de desearle el mal  a nadie, porque nadie se merece un trato inhumano, Julián Ondo Nkumu —padre y fundador de los Ninjas—, Enrique Nsue Anguesomo —alias “Chico Enry”, Desiderio Ondo Ndong Nchama y otros que se declaran inocentes en el Caso del 24-D de 2017, quiero que ejercitéis vuestra memoria recordando las sesiones de tortura y declaraciones que tomasteis a vuestras víctimas; los inocentes que mandasteis a Black Beach, estos inocentes que no tuvieron asistencia letrada en los interrogatorios, estos que os decían que eran inocentes y no les hacíais caso; todo lo que hicisteis fuera de la ley con el afán de contentar a vuestro amo y asegurar su perennidad en el poder.

  Para aquellos que todavía no han caído en desgracia, es el momento de cambiar vuestras prácticas y respetar la ley; es el momento de ver que en nuestra sociedad hay mucha maldad y pedir un viaje del Sumo Pontífice, no solo a Guinea Ecuatorial, sino que visite vuestros durísimos corazones rezando para que seáis bienhechores, eliminando la maldad que reina en nuestro país. Vuestro compañero Desiderio Ondo Ndong Nchama, teniente coronel, Jefe de compañía del cuartel militar de Nkuantoma y director de la escuela militar Interarmas ONM, ya dijo en sus declaraciones, en el juicio del caso 24-D, que “Guinea Ecuatorial es un país de mucha malicia. Hubo un poco de alegría por la llegada del Papa  Juan  Pablo II,  y, sin  embargo, la  malicia ha aumentado hasta extremos incontrolables en el país por lo que pido al presidente Obiang que vuelva a invitar al actual Santo Padre para que, por medio de su intercesión, pueda haber un poco de alegría”.

  Es momento de decir basta ya. Un Estado no puede actuar como una organización mafiosa, incumpliendo sistemáticamente las leyes. Hoy son estos, mañana serán otros, y quién sabe si de estos otros estarás tú involucrado y a lamentar estas arbitrariedades. El propio enrique Nsue Anguesomo, en su último turno de palabra, lo reconoció: “hoy es Enrique, mañana será otro”. Muchos se olvidan de que puede ser detenido, torturado y encarcelado por un supuesto delito político cometido por un familiar o amigo suyo.

  CPDS, el partido del Cambio, lleva más de un cuarto de siglo denunciando estas arbitrariedades, y los que creen que están bien con Dios, se ríen de nosotros. Con este artículo, CPDS os recuerda que en una dictadura nadie está a salvo. En cualquier momento te pueden acusar de cualquier cosa y terminar en manos de los torturadores de turno, sin ninguna investigación ni pruebas, solo porque eres un obstáculo para algún colaborador del PF o por envidia. Si no, que se lo pregunten a Julián Ondo Nkumu, Enrique Nsue Anquesomo “Chico Enry”, Desiderio Ondo Ndong Nchama y un largo etcétera.