50 años de independencia, 50 años de dictadura

1 diciembre 2018
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Quiero pensar que Guinea Ecuatorial no es un país aislado, desconectado y que vive sólo sus problemas, sus ilusiones y su propia realidad. Todo lo contrario, somos un país y una gente anclados en el Golfo de Guinea con otros países con los que compartimos vecindad, costumbres y culturas. Pertenecemos al tronco de los bantú. … Continuar leyendo “50 años de independencia, 50 años de dictadura”

Quiero pensar que Guinea Ecuatorial no es un país aislado, desconectado y que vive sólo sus problemas, sus ilusiones y su propia realidad. Todo lo contrario, somos un país y una gente anclados en el Golfo de Guinea con otros países con los que compartimos vecindad, costumbres y culturas. Pertenecemos al tronco de los bantú. Y, como suele decirse, hoy por hoy, los países son como barrios de una gran ciudad; gracias a las nuevas tecnologías de la comunicación, más o menos, estamos todos intercomunicados. Nosotros cumplimos 50 años de independencia, pero Camerún los cumplió hace diez años, como Gabón, Benin y Nigeria, países con los que Guinea Ecuatorial mantiene fluidas relaciones e intercambio de bienes y servicios muy alto de una manera formal e informal. En gastronomía, un plato de Ndolé, bangasup, u okrosup se degustan igual en Malabo que en Douala, en Cotonou o en Lagos… Y lo mismo en la vestimenta utilizamos las mismas telas festivas, los kaba, los lapá y trajes africanos. Las estructuras familiares son las mismas, al igual que las ceremonias, celebraciones y ritos… Son países con población bantú aunque de diferentes subregiones. Y me pregunto por qué son tan diferentes en cuanto a su comportamiento político. Que alguien me diga qué país de la subregión del África central es democrático y cuya población tenga unos mínimos de condiciones de vida digna y aceptable.

Los patrones que generan riqueza y dinero en la subregión son muy parecidos, de prácticas ancestrales, anacrónicas y coloniales. A excepción de Camerún, todas nuestras economías siguen siendo sumergidas, generalmente basadas en la agricultura de subsistencia y en la compra-venta de productos manufacturados desde Europa u Occidente. Cuando se da el nacimiento de una pequeña industria, la maquinaria y la mano de obra cualificada suelen traerse de Europa. La dependencia financiero-económica y científico-financiera, sigue siendo absoluta. Por eso, quienes realmente manejan la economía de nuestros países son, en buena medida, americanos, franceses, libaneses, etc., que, muchas veces, son testaferros o socios de nuestros dirigentes políticos. Por eso el cumplimiento de 50 años de independencia en un país como Guinea Ecuatorial, en muchos aspectos, no significa nada, es irrelevante para la mayoría de la población.

Por una cuestión de honradez intelectual, debo reconocer que la Guinea de hoy no es la de hace 50 años, no por voluntad de nadie, sino porque todo debe cambiar. A pesar de la alta mortandad que se sufre, la población ha crecido significativamente, lo que ha aumentado los hacinamientos miserables y el chabolismo que se sufre en todos los barrios de una ciudad como Malabo. Hoy hay más viviendas que hace 20 años, pero el copado que nuestros dirigentes han hecho de ellas, a corto plazo, no permite que las familias pobres puedan tener una vivienda digna, aun estando vacantes ya que la finalidad es el alquiler y las rentas de sus dueños, los que esquilman las arcas del Estado. Son más los kilómetros de carretera construidos que en las épocas anteriores, y hay más médicos y maestros, en definitiva, más gente formada. Sin embargo, ¡cuán débil sigue siendo el balance de nuestros 50 años! Lo peor que le ha pasado a nuestro país y a los países vecinos, han sido y siguen siendo las dictaduras longevas que nos asfixian continuamente. Nadie se lleve a engaños: ni en Cameron, ni en Gabón y menos en Guinea Ecuatorial, hay Democracia; se han celebrado elecciones presidenciales en Camerún, con una parte del país sumida en una guerra civil, y el mismo día de las votaciones, salen denuncias de fraude electoral en las embajadas camerunesas en Europa, como suele pasar con nosotros. Nuestros dirigentes siguen manejando los países con mano de hierro y a golpes de garrotes, porrazos y pistolas. El miedo es una realidad patente en nuestros poblados y ciudades, ciudades en las que no se pueden hacer manifestaciones ni huelgas… Y precisamente es allí donde, o no hay luz, o los cortes y apagones son más frecuentes… ¿Cómo celebrar los 50 años de independencia cuando se siente miedo e inseguridad, zozobra e impotencia? En estos 50 años siguen estando presentes, y de uso ordinario en el lenguaje coloquial, palabras como cárceles, presos políticos, desapariciones y muertes no esclarecidas.

Y mi preocupación sigue siendo la misma: ¿por qué, siendo países con las mismas tradiciones, mismas culturas, usos y costumbres, son tan políticamente diferentes los países del África central de los de, por ejemplo, África occidental? Quizás porque la concepción de lo que es el Estado y el poder, es diferente. Por eso mientras Benín, Nigeria, Ghana o Burkina Faso, celebraron sus 5º años de independencia siendo ya países democráticos, Guinea Ecuatorial, que los celebra hoy, o Gabón, Camerún, Chad o la República del Congo, que lo hicieron hace 10 años, siguen sumidos en dictaduras longevas que conciben el Estado y sus bienes como algo que hay que capturar, devorar, y el poder como el medio para conseguirlo. Es todo lo contrario que en el África del Oeste.