La muerte de Pedro Motú

30 noviembre 2018
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LV/REDACCIÓN/ Uno de los acontecimientos que más conmovieron a la opinión pública, durante el régimen de Obiang, fue el asesinato de Pedro Motú Mamiaga, exteniente de las Fuerzas Armadas y militante de Unión Popular. No es que fuera la única persona muerta a manos de la policía durante este régimen; el hecho de que aquella … Continuar leyendo “La muerte de Pedro Motú”

LV/REDACCIÓN/

Uno de los acontecimientos que más conmovieron a la opinión pública, durante el régimen de Obiang, fue el asesinato de Pedro Motú Mamiaga, exteniente de las Fuerzas Armadas y militante de Unión Popular. No es que fuera la única persona muerta a manos de la policía durante este régimen; el hecho de que aquella muerte consternase tanto a la población, se debió a lo que había sido el personaje y al momento en que se había producido su muerte.

Motu Mamiaga nació en Monvó Odjip, distrito de Ebibeyin, en 1943 y fue el jefe de las Juventudes en Marcha con Macías en Bata, donde ejercía como locutor de Radio Ecuatorial Bata. Tras el fallido golpe de Estado del 5 de marzo de 1969, dirigió a los “juventudes” en Marcha con Macías que protagonizaron las despiadadas represalias que acabaron con la vida de numerosos dirigentes del MONALIGE y seguidores de Atanasio Ndong.

Una vez convertida aquella organización paramilitar en Milicia Popular, Motú recibió formación militar en la Academia de Ekuku, bajo mando de instructores militares cubanos. Era la primera promoción de oficiales y suboficiales de la que después sería la Milicia Popular Revolucionaria. Motú, como el resto de jefes milicianos de cada distrito, salió con el grado de Alférez tras más de un año de formación. Era el año 1975. Después fue nombrado director de Radio Bata y compaginó su trabajo de radio con el de la milicia, alcanzando el grado de teniente, y, un año después, por orden del entonces capitán Mba Oñana Nchama, Motú fue detenido junto con José Moro Mba, jefe de la Milicia Popular de Mikomeseng, acusados de un supuesto intento de golpe de Estado. Es trasladado a Malabo, siendo posteriormente recluido en Black Beach. Hacía meses que se había iniciado una extraña campaña de detenciones de oficiales de las FAS, tanto de la Milicia Popular, como de la Guardia Nacional, para trasladarlos a la cárcel pública de Malabo, siendo el ex capitán Ela Nzeng el primero de ellos en 1976.

El “Golpe de Libertad”. Cuando se produce el golpe de Estado del 3 de agosto de 1979, Pedro Motú recupera sus dos estrellas de teniente y el resto de decenas de oficiales que se encontraban en Black Beach recluidos o trabajando como presos en las fincas de cacao de la isla, se trasladaron a Bata para luchar contra las fuerzas leales a Macías. Mientras el teniente de Navío Florencio Maye Ela estaba al mando general de las operaciones y Félix Mba Nchama comandaba las acciones militares en Bata, se formó el frente militar encargado de perseguir a Macías y detenerlo. El Frente, como se le denominó, estuvo dirigido por el teniente Eulogio Oyó Riquessa, que no pudo continuar con su misión por razones de salud. Varios oficiales, entre ellos el teniente Motú Mamiaga, se dirigieron a Mongomo tras la toma de la ciudad de Niefang. Finalmente, Macías fue detenido en el bosque de Mongomo por un comando dirigido, precisamente, por Motú.

De regreso a Malabo tras acabar con los últimos focos de resistencia de Macías en el interior de la región continental, Pedro Motú y otros numerosos militares son desarmados a su llegada al puerto de Malabo. Después, serían detenidos y confinados en sus respectivos poblados. Comenzaba, así, el calvario de un hombre cuya obsesión había sido detener a Francisco Macías, su antiguo ídolo.

Entre 1979 y 1991, Pedro Motú había sido detenido en diecisiete ocasiones, hasta que finalmente decide abandonar a su numerosa familia para tomar el camino del exilio. Así lo reveló a un periodista de la BBC, que lo entrevistó en Douala poco antes de su regreso a Guinea.

En marzo del mismo año, el Gobierno de Guinea Ecuatorial y los partidos políticos legalizados, firman el Pacto Nacional que, sobre el papel, viene a garantizar el respeto de los derechos y libertades de los ciudadanos para hacer avanzar el proceso de democratización iniciado con la reforma constitucional de 1991. Se desata la euforia en la población y el optimismo por la llegada de la democracia traspasa las fronteras. Pedro Motú, exiliado en Camerún, decide regresar a Guinea en julio de 1993. Una vez en Malabo, es recibido por su partido, Unión Popular, un partido en pleno auge en la provincia de Kie-Ntem que acaba de resolver su problema de liderazgo con el fichaje de Andrés Moisés Mba Ada como Presidente.

La sentencia a muerte. Mientras se encontraba exiliado en Douala, Pedro Motú había redactado una carta a Obiang con la intención de hacérsela llegar. Cuando toma la decisión de regresar al país, cree que es mejor entregársela personalmente si consigue que el Presidente le reciba. Ya en Malabo, Motu distribuye la copia a los partidos políticos y a las embajadas occidentales acreditadas en Malabo y comprometidas con la democratización del país. En la carta, Motú insta a Obiang a democratizar pacíficamente el país, cumpliendo lo acordado con la oposición en el Pacto Nacional. Entre otras cosas más, Motú asegura que Guinea Ecuatorial es un país pequeño, con pocos habitantes, por lo que el proceso de democratización tiene que ser pacífico para evitar muertes inútiles. Si la oposición no quiere emplear la fuerza no es por miedo, sino porque cree que una acción militar de envergadura causaría demasiadas muertes en un país tan pequeño, concluye la carta.

Tras entregar la copia a los partidos políticos, Pedro Motú se dirige al Palacio presidencial para solicitar una audiencia con Obiang. Los funcionarios de Presidencia le responden que no pueden dejarle ver a Obiang, pero aceptan recibir la carta para entregársela a mano.

Días después, las fuerzas de Seguridad reciben la orden de detener a Motú y a todos les exmilitares residentes en el país, principalmente los oriundos del distrito de Ebibeyin. Una mañana de finales de julio, le esperan en las inmediaciones de la sede nacional de Unión Popular, situada al lado del antiguo Ayuntamiento de Malabo, adonde Motú acude todas las mañanas. Al acercarse a la sede, Pedro Motú, acompañado de Eusebio Abaga Ondo Mayé, uno de los dirigentes de UP, advierte la presencia de policías uniformados y en paisano. Se da la vuelta y ve cómo les siguen. Ambos opositores se echan a correr y toman un taxi en una esquina para dirigirse a las embajadas a pedir asilo. No se lo conceden al no apreciar peligro alguno para su integridad física. A continuación, se dirigen a la Archidiócesis de Malabo para pedir refugio al monseñor Ildefonso Obama, y este se limita a recomendarles “ser más prudentes”.

Desesperado, Motu se refugia en la casa de Abaga Ondo Mayé. La casa, situada en CAYDASA, se llena de militantes de UP para protegerlo. Día y noche, velan por su seguridad y aquello se convierte en un tedioso velorio que dura semanas. Mientras tanto, los “ninjas”, camuflados en coches privados, vigilan la casa.

El regreso de Mba Ada. Tras la legalización de UP en junio de 1992, con Ángel Mesié, Justino Mba Nsue, Pedro Ekong y Domingo Abuy como principales dirigentes, este partido no tiene líder y se produce una situación de incertidumbre al respecto. Tanto es así que Carmelo Modú m’Akusé, que acaba de ser defenestrado de UDS por Jesús Nzé y Ángel Miko Alo, se afilia a UP con la intención de liderar ese partido. La cúpula no lo ve con buenos ojos; se moviliza y toma la decisión de enviar una delegación a España para ofrecer el liderazgo de UP a Andrés Moisés Mba Ada, hasta entonces Presidente (honorífico) de UDS. Mba acepta el reto y la noticia ocupa la actualidad política del país y preocupa al régimen.

El sábado, 21 de agosto de 1993, llega Mba Ada a Malabo en vuelo regular de Iberia. UP ha movilizado a todas sus estructuras para recibirlo. Militantes, simpatizantes y curiosos abarrotan los exteriores del aeropuerto de Malabo. Han sido alquilados taxis y microbuses y varios coches privados ofrecidos para trasladar a la gente al aeropuerto para recibir al líder. Las malas lenguas aseguran que el mismísimo Obiang, camuflado en el Toyota Land Cruiser de su hermano Armengol, también ha estado ahí. La expectación es enorme, solo comparada con la registrada durante la llegada del Papa Juan Pablo II en 1982.

Aquella misma tarde, mientras se desborda la alegría en los barrios y centro de Malabo y se llenan los bares de jóvenes que festejan el acontecimiento, el régimen decide lanzar a los “ninjas” a las calles para causar estragos. Obiang quiere dar un puñetazo sobre la mesa para demostrar que, pese al Pacto Nacional, el poder y el control del país están en sus manos. Entonces, se detiene, se maltrata y se conduce a los detenidos a “Rabat”, el antiguo campamento de las tropas marroquíes, convertido ahora en cuartel de los “ninjas”; el sitio reúne condiciones para el maltrato a los detenidos, pues se habla de un pequeño estanque lleno de desechos y restos de combustible líquido, donde “bañan” a los detenidos, y otras cosas más.

El domingo, 23 de agosto, Andrés Moisés asiste a la misa de las 10 de la mañana que se celebra en el Santuario Claret, rodeado de dirigentes de Unión Popular, cada uno queriendo estar más cerca de él que los otros. Entre ellos, está Pedro Motú Mamiaga quien, desoyendo los consejos de varios compañeros suyos, ha decidido asistir también a dicha misa y estar al lado del líder. Pocas veces se había registrado una concurrencia tan masiva de feligreses a una misa del Santuario hasta entonces. Entre los asistentes, numerosos agentes de la seguridad en paisano, que solo conocían a Motú por la descripción que de él se hacía: muy alto, claro y con poco pelo.

El programa establecido por UP era el siguiente: tras la misa, Mba Ada y sus acompañantes se dirigirían al hotel Ureca, donde se alojaba el líder, a charlar e intercambiar informaciones, y después, acudirían a la recepción organizada con los militantes en el “Bar Mikom”, propiedad de Guillermo, uno de sus dirigentes.

Así, pues, al finalizar la misa, los dirigentes de UP acompañan al líder al hotel Ureca. Una vez más, Pedro Motú ha desoído los consejos de prudencia de algunos de sus compañeros, y también se traslada al hotel Ureca, formando parte de la comitiva de dirigentes. Se sientan todos en el hall del hotel. Acompañan a Mba Ada, entre otros: Justino Mba Nsue, Angel Mesié, Pedro Ekong, Rafael Nsono y Benjamín Gabriel Balinga, este último, dirigente entonces del Partido Social Demócrata. Está con ellos Bruno, empleado de Iberia y militante de UP que ha cedido sus vehículos para acompañar al líder.

Mientras tanto, varios escuadrones de policías, entre ellos numerosos “ninjas”, rodean el hotel con vehículos y bloquean todos los accesos a la zona. Al frente del gran operativo, está el mismísimo Manuel Nguema Mba, Secretario de Estado de Seguridad Nacional. Le acompañan, entre otros, Diosdado Nguema Eyi, Comisario Jefe Superior de Policía; Timoteo Mebiame Esono, alias Adjinaná, Comisario de Seguridad Ciudadana, y Elías Nguema Ebang, más conocido como “Elías Bombero”, Comisario de la Seguridad Presidencial. Tras tomar el hotel, los policías rompen a culatazos los coches de la comitiva de Mba Ada y revientan a balazos sus neumáticos.

A continuación, Nguema Mba y sus hombres se dirigen al hall del hotel donde, en esos momentos, Mba Ada está charlando con sus compañeros. Armados con pistolas, entran y maltratan a un tal Matías, guardaespaldas de Mba Ada, y lo detienen. Pinta mal la cosa y los acompañantes del líder, uno por uno, abandonan el hall saltando por los ventanales bajos que dan al patio exterior, y solo queda con él Pedro Motú. Ambos, acompañados de Bruno, deciden subir a la suite de Mba Ada.

Acto seguido, Nguema Mba, Nguema Eyi, Elías Bombero y Adjinaná, los siguen a la suite, entran y le dicen a Motú que queda detenido; Mba Ada les pregunta por qué detienen a su compañero, a lo que Nguema Eyi le responde: “Usted tranquilo, que no tiene nada que ver en eso”. Pedro Motú se quita el reloj de pulsera y la cadena de oro que lleva al cuello y trata de dárselos a Bruno, pero Nguema Mba alarga su mano y se los arrebata, guardándoselos en su propio bolsillo, como si se tratase de un trofeo. A continuación, esposan a Motú y lo conducen escaleras abajo, donde lo reducen a culatazo limpio. Lo introducen en un vehículo y lo conducen inmediatamente a “Rabat”, donde esperan varios ninjas ansiosos de conocer a Motú y maltratarle.

Son, aproximadamente, las 15:00 y, tras varias horas de maltrato, los ninjas reciben la orden de conducir a Motú a Black Beach, adonde, tambaleante, llega entre las seis y media y las siete de la tarde. La madrugada del 22 al 23 de agosto, es asesinado de dos puñaladas de bayoneta en el costado derecho. Según los rumores de la época, fue Elías Bombero el ejecutor de Pedro Motú.

A las ocho de aquella mañana del 23 de agosto, fueron a Black Beach los médicos Salomón Nguema Owono, José Eneme, el doctor Paco y el doctor Job a practicarle la “autopsia”: le abrieron en canal y, “tras hacer lo que hicieron”, taparon con un esparadrapo ancho desde el esternón hasta el bajo vientre. Después ordenaron a dos presos limpiar la sangre del cuerpo del cadáver y vestirle con una camisa adquirida en el mercado de “asamsee”. La macabra operación tenía un objetivo.

Nve Ngú da la noticia. El mismo día, en el telediario de las 21 horas de TVGE, ofrecido con retraso a las 23:20, el entonces ministro Portavoz del Gobierno, Antonio Fernando Nve Ngú, leyó un comunicado del Gobierno con un texto bastante previsible y conocido: “Un grupo de ex militares, encabezados por el exteniente de las Fuerzas Armadas, Pedro Motú Mamiaga, ha intentado dar un golpe de Estado, previo asalto al polvorín de Ela Nguema. El señor Motú Mamiaga, dándose cuenta de su implicación en esos graves hechos, se ha suicidado”.

Consecuencias de la muerte de Pedro Motú.

A pesar de la firma del Pacto Nacional en marzo de 1993, el verano de aquel año fue muy caliente en lo político. No avanzaba el proceso. En junio murió un detenido en la comisaría de Ebibeyin por malos tratos, y entre julio y agosto se produjeron los hechos de Annobón, que acabaron con la vida de dos jóvenes annoboneses por disparos de unos militares. Por otra parte, la inseguridad era cada vez mayor a raíz de las detenciones que llevaban a cabo las fuerzas de Seguridad.

Este inquietante panorama motivó una reunión urgente entre el Gobierno y los partidos políticos para analizar la situación y enderezar el rumbo del proceso de democratización. La reunión se convirtió en una especie de evaluación del Pacto Nacional y duró varios días. La última sesión tuvo lugar el viernes, 20 de agosto; cuando la oposición volvió a la mesa el lunes 23 de agosto sin haberse enterado de la muerte de Motú, el Gobierno no asistió y canceló unilateralmente los encuentros sin aviso.

Otra de las consecuencias fue la persecución de los exmilitares, muchos de los cuales, como José Abeso Nsue, Alfonso Nzogo Ntongono y el excapitán Lucas, se fueron al exilio. José Abeso sería secuestrado en Nigeria en enero de 2010 y traído clandestinamente a Malabo, donde fue fusilado en agosto del mismo año junto con otros tres secuestrados más, tras un juicio militar sin garantías.