La muerte de Buendi

24 noviembre 2018
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LA VERDAD/REDACCIÓN/ Uno de los numerosos crímenes de Estado que más consternaron al pueblo de Guinea Ecuatorial, en la época de Macías, fue el fusilamiento del economista Buendi en el mes de mayo de 1976, en la ciudad de Bata. Jesús Ndong Buendi Nanguande, natural de Handje, distrito de Mbini, fue seminarista en Banapá en … Continuar leyendo “La muerte de Buendi”

LA VERDAD/REDACCIÓN/

Uno de los numerosos crímenes de Estado que más consternaron al pueblo de Guinea Ecuatorial, en la época de Macías, fue el fusilamiento del economista Buendi en el mes de mayo de 1976, en la ciudad de Bata.

Jesús Ndong Buendi Nanguande, natural de Handje, distrito de Mbini, fue seminarista en Banapá en los años 50 del siglo XX, siendo compañero de ilustres guineanos como los reverendos Ildefonso Obama Obono (Arzobispo Emérito de Malabo), Nicolás Abeso y Reginaldo Mekendengue, así como de los abogados Leoncio M. Edjang Avoro y Mariano Nsue Nguema, entre otros. Se trasladó a Suiza, donde se formó como Economista especializado en Estadísticas Económicas y, al regresar a Guinea Ecuatorial tras la Independencia, fue nombrado por Macías el primer Gobernador del Banco Central del país, el primero en ocupar ese cargo. Como tal, Buendi firma la peseta guineana que reemplaza a la peseta española, así como el Ekuele que sustituyó a la peseta guineana en 1975.

Para entonces, Rose-Marie, su mujer suiza, ha regresado a Europa con el hijo de ambos. Pese a los problemas conyugales, y a pesar de la campaña de persecución y aniquilamiento sistemático de las personas formadas y discrepantes, emprendida por el régimen, Jesús Ndong Buendi aguantó y siguió trabajando en garantizar la estabilidad de una moneda cuya economía se hundía por momentos.

 

La traición.

La fuga de políticos hacia el exilio no hace más que aumentar ante la deriva de la situación política y económica del país. Son los tiempos de la gran crisis del petróleo, iniciada en todo el mundo en 1973, lo que afecta negativamente las paupérrimas arcas del Estado guineano. En 1976, corren rumores de que Buendi quiere abandonar el país, rumores que crecen por la información, falsa o real, de que el economista y sus tres esposas están vendiendo los bienes de la familia.

Por otra parte, la Cámara de Comercio de Malabo esperaba las divisas provenientes de la venta del cacao correspondiente a la campaña agrícola del año anterior. En vuelo regular de Iberia, las divisas llegaron por valija del Banco Central de España al Banco Central de Guinea Ecuatorial, llamado ahora “Banco Popular”, cuyo Gobernador, el señor Buendi, tenía que recibirlas, y las recibió en presencia de varios ejecutivos del Banco Central, firmando el acta de recepción. Eran unos cien mil dólares americanos.

Al parecer, un primo de Buendi, Antonio Cándido Nnang, antiguo Consejero de Trabajo y Bienestar Social del Gobierno Autónomo y superviviente de la persecución contra los seguidores del malogrado Bonifacio Ondo Edu, acude a la Policía a informar de que Buendi ha ido a su finca a pedirle ayuda para conseguir un cayuco con el que huir del país. Paralelamente, se acusa al Gobernador del Banco Central de haber desviado los cien mil dólares procedentes de la venta del cacao para fines personales. Ante tan graves acusaciones, Buendi fue detenido por Daniel Oyono Ayingono, Santiago Nsobeya y Severo Moto Nsa, según lo cuenta Nzé Nfumu en su libro.

Al rechazar Buendi las acusaciones, el Comisario de policía Daniel Angel Esono Monsuy trae a Antonio Cándido Nnang a las dependencia policiales, y este se reafirma en su acusación, justificando la delación a su primo por el hecho de que si no hubiese informado a la policía de los planes de fuga de Buendi, él habría sido acusado de cómplice suyo.

Detienen a dos esposas de Buendi en Malabo, y durante la investigación, sale a la luz que la tercera esposa y la más unida a Buendi, de nombre Mayoko, se encuentra ya en Handjé, el pueblo de su marido, esperándole para huir a Gabón con el dinero supuestamente desviado.

Buendi es conducido a Black Beach, donde el carcelero Salvador Ondo Ela lo maltrata sin contemplaciones.

A continuación, se da orden a las autoridades de Bata de que se detenga inmediatamente a Mayoko antes de que se escape con el dinero a Gabón una vez se entere de la situación de su marido en Malabo. Las autoridades de Bata montan una comitiva para ir a detener a la mujer en Handjé y traerla a Bata con los cien mil dólares que, supuestamente, esconde. La comitiva la forman Salvador Ela Ndong, Gobernador Civil de Rio Muni y natural de Mezeyem Esangui (Mongomo), y sobrino querido de Macías; Santiago Nsobeya Efuman, protocolo del dictador, y el piloto del helicóptero presidencial, un joven llamado Fernando Esono Nguema. Al llegar a Handjé, detienen a la mujer; su madre, familiarmente conocida como Mamá Putá, dice que no va a permitir que su hija se vaya sola con las autoridades, por lo que la detienen a ella también. Ambas mujeres son embarcadas en el helicóptero; a bordo van con ellas el piloto y el Gobernador, pues Nsobeya tiene que regresar por tierra en coche al no haber más espacio en el helicóptero. Una vez despegado el helicóptero con los cuatro pasajeros a bordo, y ya sobrevolando el alta mar, los curiosos habitantes de Handjé, que han presenciado la detención y ahora observan el viaje del “pájaro metálico” desde la costa, ven cómo el aparato empieza a dar unos bandazos en el aire, gira en sí y se precipita hacia abajo, cayendo en picado al mar.

¿Qué pasó? Según la versión oficial, el trágico accidente se debió al mal tiempo, sin más. Esta versión es corroborada por Agustín Nzé Nfumu en su libro “Macías: ¿verdugo o víctima?”, y añade la falta de experiencia del piloto y el mal estado del aparato. Por el contrario, los comentarios de la época aseguraban que la mujer de Buendi, en una actitud suicida, se abalanzó sobre el piloto, al tiempo que su madre se echaba encima del Gobernador. Como en una película. El piloto, que no puede manejar los mandos de la nave y al mismo tiempo tratar de deshacerse de la señora, pierde el control del aparato. El resto se puede imaginar.

Al enterarse, Macías se pone furioso, grita y llora. No hay cuerpo de salvamento marítimo, pero se envía a unos buzos improvisados para buscar la aeronave hundida en el mar con sus ocupantes. Tras días de búsqueda, lo único que encuentran es una pierna con el zapato puesto, la pierna del Gobernador. Se la reconoce porque Ela Ndong era un hombre voluminoso.

Inmediatamente, Buendi es procesado en un improvisado juicio, bajo las acusaciones de malversación de fondos públicos, entre otras; el economista reconoce que quería abandonar Guinea Ecuatorial decepcionado porque el régimen no le dejó trabajar para salvar la economía del país, pero rechaza las acusaciones de desvío de fondos. Sin embargo, pese a la falta de pruebas, no hay perdón para el único economista que tiene el país, el firmante de las dos monedas usadas hasta entonces desde el acceso a la Independencia. Buendi es condenado a muerte.

Tras casi un año de larga espera en una especie de corredor de la muerte en Black Beach, en marzo de 1977 es trasladado a Bata en vuelo especial de LAGE (Línea Aéreas de Guinea Ecuatorial). Los que le ven en el avión aseguran que solo lleva, bajo el brazo, la estera plegada que utilizaba en la cárcel de Malabo para dormir.

Una vez en Bata, en un acto de pura venganza por la muerte del Gobernador Civil Ela Ndong, el Gobernador del Banco Popular es ejecutado. Se invitó al público, mujeres del mercado, estudiantes y transeúntes, a presenciar la ejecución de Jesús Ndong Buendi Nanguande. Dicen que tendría unos 40 años de edad.

 

Consecuencias de su muerte.

Además de la pérdida irreparable de un gran economista, que hubiera podido enderezar la economía de un país en condiciones normales, la muerte de Buendi tuvo otras implicaciones. La rabia de Macías por la trágica muerte de su sobrino es incontenible; la ejecución de Buendi no ha sido suficiente para aplacar la ira del dictador. En un país en el que la responsabilidad por ofender al régimen no es personal, sino colectiva, el castigo tiene que extenderse a todos los parientes de Buendi. También a sus allegados. Así, pues, Macías envía a su ejército de milicianos a incendiar el poblado de Handjé, lugar de nacimiento del ex gobernador del Banco de Guinea. La horda de milicianos saquea el pueblo, mata cabras y gallinas y viola a numerosas mujeres antes de prender fuego a todas las casas del pueblo y derribar las que están en construcción. Solo dejan en pie la iglesia.

Por otra parte, a Macías le repugna seguir utilizando los billetes que Buendi firmó como gobernador, y decide cambiarlos. Sin embargo, ¿quién va a firmar los nuevos billetes como gobernador?

La respuesta la encuentra en un chico listo llamado Damián Ondo Meñe, natural de Kom Esambira, distrito de Mongomo, y estudiante de Economía Agraria en Bulgaria, pero que está de vacaciones en Guinea. Macías le convence de que se quede en Malabo, pues quiere que sea el nuevo Gobernador del Banco Popular y que firme los billetes nuevos que tiene la intención de emitir para sustituir los antiguos de Buendi. Ondo Meñe acepta el reto y firma los nuevos billetes, exactamente iguales a los anteriores; la única diferencia está en la firma.

El 31 de mayo de 1976, Ondo Meñe es nombrado Gobernador del Banco Popular, mediante el Decreto número 18/1976.

La Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, de España, se encarga de imprimir los nuevos billetes. Después llegan a Guinea baúles llenos con el dinero nuevo, y son depositados en Nsangayong Esangui, el pueblo natal de Macías y su residencia actual. No se ha informado al pueblo del cambio.

Y entonces, se produjo el golpe de Estado del 3 de agosto de 1979. Los militares del “Frente”, que acaban de derrocar a Macías, llegan a Mongomo y se dirigen al poblado del ya expresidente, donde saquean el palacio presidencial, haciéndose con muchísimas maletas de dinero, en Ekwele y en divisas. Los billetes en moneda nacional contenidos en esas maletas no son los firmados por Buendi, sino por un tal Ondo Meñe; pero nadie lo sabe. Así que los soldados del “Frente”, convertidos ya en los reyes del mambo, empiezan a gastar la pasta y a minar el país de billetes nuevos, en cuya firma no se fija nadie. Es el Gobierno del Consejo Militar Supremo el que advierte a la población de que están en circulación unos billetes falsificados, que la gente mire la firma antes de aceptar cualquier billete, asegurando que los únicos válidos son los que llevan la firma de Buendi.

Así nació la expresión “Ondo Meñe”, para indicar que algo no valía, no servía o no funcionaba. Un reloj averiado era “Ondo Meñe”; un coche estropeado, también “Ondo Meñe”, y hasta las mujeres embarazadas pasaron a ser “Ondo Meñe”, porque, supuestamente, no servían para ligar.

Damián Ondo Meñe fue procesado, junto con Macías, en el juicio de septiembre de 1979, acusado de falsificación de moneda. Después sería uno de los economistas más apreciados por el Presidente Obiang.

En aquel mismo juicio, salió a relucir el tema Buendi, cuando Ndong Ayang, ex gobernador civil de Rio Muni, declaró que los cien mil dólares de cuyo desvío se había acusado al malogrado economista, se los llevó él mismo, Ndong Ayang, a Macías, en una maleta.